viernes, 23 de diciembre de 2011

Segovia engancha.

Alcázar (Segovia)

Hace casi tres meses que vivo en una ciudad en la que el tiempo pasa (demasiado) deprisa. Los segundos son similares a latidos de corazón, y cuando éstos cogen carrerilla es imposible controlar las agujas del reloj. Si por mi fuera, en este preciso instante podría pararse el mundo, porque ya no necesito tiempo, ni calendarios, ni si quiera relojes, me conformo con tu pecho para así, medirnos en latidos. Incluso los lunes parecen sábados. No hay rincón en el que no te sientas a gusto y la gente cuando se encuentra se besa, nadie gira la cara, siempre sonríen. Aunque tengo que decirlo, el mejor rincón de la ciudad es tu cama, los mejores besos están en tu cuarto, y las mejores sonrisas salen de tu boca. Aquí incluso han llegado a hacerme sentir como si tuviera corazón, llegaron a asfixiar la tristeza. Ya no me escondo, ni desaparezco ni me escurro por las grietas del recuerdo. Aquí se está a salvo. Aquí se aprende a que se puede respirar, morder y hablar con miradas, vivir sin planes ni prisas.
 ¡Que viva la sencillez de las "sonrisasporquesí"!  


Dicen que todos los tontos tienen suerte, y he llegado a la conclusión de que soy tonta, rematadamente tonta.


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